Desesperación, fue lo que sintió Boby McGullen el día que descubrió a su padre cogiéndose a una cabra. Un nauseabundo vacío se le abría en el estómago mientras observaba entre las paredes del establo por medio de un agujerillo que el mismo había hecho un día jugando. Existe una compasión por los nuestros que es poco habitual con los extraños pero que nos permite tolerar ciertos actos reprochables de los seres que amamos, esto para no perderlos. La madre de Boby murió atropellada; un día simplemente encontraron su cadáver revolcado hediondo y sin ojos. El señor McGullen solía insistir en que no se volvería a casar, que mantendría una total fidelidad para con su difunta amada, lo cierto es que cumplió de forma abstracta, si bien la zoofilia poco tiene que ver con sentimientos más que con lujuria, no tardo el pequeño Boby McGullen en descubrir las causas de la fidelidad sobrehumana de su padre, el paliativo carnal que le permitía sobreponerse imbatible por sobre los deseos de la carne, su padre tenía SIDA.

Sabía que moriría, ambos lo sabían, pero ni el padre lo quiso decir, ni el hijo lo quiso preguntar, como el secreto que es público entre dos almas que se entienden sin hablar.

El padre de Boby McGullen murió seis meses después en su cama, como un pálido hombrecillo de cera que no llenaba el recuerdo de lo que había sido en sus peores días.

¿Y qué tal si yo también estoy enfermo? pensó Boby contemplando la cruz blanca y las flores en la tumba de su padre. El tiempo pasaba y aquella duda se acrecentaba en su mente, se multiplicaba como un cáncer pernicioso, la ponzoña de aquella duda había llegado a tal punto de no dejarlo dormir, entonces una madrugada resolvió que no podía posponer más lo imposponible y tomo lo aun le quedaba en voluntad y otro tanto en valentía se dirigió al centro médico que está en el centro del pueblo, el Oakam Hospital, yo fui su médico.

Estuvo esperando cerca de una hora, falto a su trabajo y a la escuela, en aquel lapso casi eterno donde el tiempo era un aire pesado que fluía con la rapidez de la lava, conoció a Melody Chambers, una paciente esquizofrénica que presentaba un alto grado de desarrollo de su enfermedad. Solemos tener una serie de medidas de seguridad muy rigurosas en el hospital, a pesar de lo cual aún se corren algunos riesgos.

Melody fue inyectada con ciertos calmantes especiales, toda vez que es en sus estados de mayor locura cuando la neurosis desborda en oleadas de violencia y desesperación. Mi colega Peter Beroc inyecto a la señorita Chambers como era lo habitual, todo sucedió rápidamente, en cuestión de un instante Chambers quito la aguja que recién le habían retirado y se la enterró en la pierna a Boby McGullen, Chambers tenía varias enfermedades de transmisión sexual, fue abusada en muchas ocasiones a razón de su condición mental. Yo no pude decírselo en el momento de atenderlo, cuando me dijo la razón de su visita no sabía cómo decirle que ahora tenía la enfermedad que había venido a buscar.

¿?

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