Altos de Kalahram

Altos de Kalahram, Cuento de fantasia por D.F. Ospina

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Mí travesía tiene como objetivo, cartografiar todo el continente. Esto me lo ha ordenado mi señor el Rey Jupper. Mi tarea la desempeño con placer, excepto en esta ocasión, donde me vi en la necesidad de visitar la capital de Glisse contra mi voluntad. Debí someterme entonces a la obligación que por mi cargo debo realizar, la de viajar. No existía mas, – para mi desgracia. – la oportunidad de postergar el viaje. El invierno se acercaba acechante y los vientos del norte regresaban cortantes de su recorrido alrededor del mundo. El tiempo se estaba agotando y decidí partir de inmediato. Me encontraba en ese momento en Aeria, la capital de los aurores o ciudad luz como también le dicen.

Existe una cordillera mas alta que el cielo, ubicada en el centro de Glisse, un pequeño país rocoso al norte de Eurogron. Aquella pequeña nación es famosa por la altitud a la que se encuentra su capital, la cual es el único recuerdo material de sus ancestrales glorias, ciudad conocida como Altos de Kalahram. La nación también es famosa por otras estructuras, construcciones que no merecen existir, un ejemplo es el despeñadero de Anatev, el lugar mas lúgubre de esta tierra, en donde se lanza a los ciudadanos mas viejos y enfermos que ya no pueden aportar nada a la ciudad de Kalahram, como si de basura se tratase.
Durante el largo viaje emprendido hacia esta ciudad, pude reconocer el que seria mi único momento de alivio y paz en la tierra de los Kalanos. Sucedió al enterarme que la caravana no pasaría cerca de aquel cementerio que ellos llaman Anatev, sospechaba que eso sucedería, días antes se vieron en la necesidad de cambiar el rumbo acostumbrado, la tierra por la generalmente hacían el recorrido tenia las características  de la masa pantanosa propia del invierno en la región, lo que antes era un camino se había convertido en una superficie mortal, semejante a los lagos de brea del sur. Aquella ruta no fue mas una opción, se mesclo con el paisaje, como los colores de  un cuadro abstracto y dejo de existir, los primeros síntomas del invierno habían llegado.

Según la información proporcionada por mi guía, la capital en la montaña se dividía en anillos, en total eran tres murallas ovaladas, como anillos de contención. Rimel, la primera muralla, estaba constituida por una docena de fortificaciones militares y la mitad de la población total de la ciudad. Cirirel, el segundo anillo, contaba con altas torres de vigías y casi quela restante de la población de la ciudad, con excepción de los aristócratas y la realeza. La segunda muralla era de mas grosor que la primera, probablemente el doble de ladrillos de piedra. La tercera y ultima de las fortificaciones, la del rey y sus vasallos, era sencilla y muy fina, probablemente construida simbólicamente para hacerle saber a la población su lugar lejos de la realeza, pero sin ninguna capacidad defensiva aparente. La guardia del rey estaba constituida solo por arqueros, los mas efectivos de todo el norte.

Una vez adentro de la ciudad tuve la oportunidad de visitar los bazares de Rimel en el anillo exterior o primera muralla. Mercaderes en tiendas de colores ofrecían todo tipo de bestias enjauladas, desde Abizurrones azules de las islas calavera, hasta simples pseudosirenas. No podía distinguir nada a mas allá de mis narices en aquel lugar, los colores y las formas se confundían y chocaban como el agua en la cascada, a mi derecha danzarines por doquier, a mi izquierda infinidad de tabernas y frente a mi los cuerpos apiñados de los viejos que seguramente visitarían el abismo. Para mi fortuna luego de estar perdido por 3 horas, logre encontrar una de las puertas a la muralla intermedia de Cirirel, desde mi entrada fui escoltado hasta la corte del Rey Espetrer. Lamentablemente no pude tomar nota de la vida en aquel lugar, ni de ninguna estructura que no fuera la estatua del rey con la bota bien puesta sobre la garganta de un dragon marino. Espetrer II, era el rey, obtuvo el trono de forma dudosa, en un escandalo que se murmuro hasta los confines de esta tierra, probablemente envenenó a su antecesor, cosa que es muy común por estos tiempos. El rey me permitió dos meses de estancia en la ciudad, viviendo en Cirirel, fue toda una fortuna lograr tal permiso, en general no pueden vivir extranjeros en la ciudad principal y están siempre limitados a vivir en los anillos exteriores de la primera muralla.

La ciudad principal del reino se encuentra en un volcán muerto llamado por los lugareños “Nim dha Egliss”, término que posee un significado equivalente a “Corazón del abismo”.  Nadie pensaría jamás que en un lugar tan alto y tan precipitado hacia el cielo, existiera una ciudad y mucho menos que esa ciudad estuviese incrustada en el cráter de un volcán. Pero de lo que estoy muy seguro es que de ninguna manera, hombre o bestia sobre esta tierra, se le ocurriría jamás pensar descabelladamente, que de entre todas las ubicaciones posibles esta fuere escogida para albergar la capital de dicha nación. Deduje que la ubicación fue escogida por algún líder primitivo e ignorante, un desconocedor de la topografía y del noble arte de la planeación reflexiva. Tal vez la ubicación la decidió algún brujo segado en sus misticismos. ¿Quién sabe quizás lo decidieron con un par de dados?

El centro de la ciudad es ciertamente bello, el rey habita en un área carente de estructuras de altura considerable, ya que hablamos de una montaña de las más altas de Eurogron, aquí se construyen pocos edificios nuevos desde tiempos de los Anunak. Los habitantes de esta capital son semejantes a los aurores de la ciudad de  Aerea, con ciertas diferencias, sus ojos no cambian de color al mirar hacia el sol y es que estos, los Kalanos, poseen ciertas tonalidades grises en su piel, sus labios son negros, tienen pesuñas en los pies y de sus ojos surgen dos lagrimales negros que recorren su rostro como en las caras de los felinos de antaño. En general, esta gente se dedican a criar bestias de todo tipo y para la guerra se cría especialmente una criatura llamada Cocatriz, una especie de serpiente alada, emparentada con los Basiliscos del sur, un animal rápido que puede existir únicamente en estas montañas.
Obviando lo ridículo de la ubicación, no puedo negar la impresión que causa la ciudad cuando se acerca la vista lo suficiente para que las nubes no obstaculicen lo que a duras penas a ojo forzado se puede divisar. En general lo único que se puede ver desde lejos es la piedra imponente y hueca del volcán, no existe pista alguna de ciudad, ni de pueblo y mucho menos de un reino.
A tal ciudad, tales ciudadanos, de eso estoy seguro. Los personajes que habitan el área dicen que es imposible divisar desde la superficie Altos de Kalahram, yo me reservo la duda. En números, La ciudad tiene aproximadamente 60.000 habitantes permanentes, a los cuales se les conoce como Kalanos, de esa cantidad solo 500 son extranjeros,  la mitad de los extranjeros son políticos, de ciudades vecinas y sus grupos de sirvientes, el resto son mercaderes que llegan y se van como las estaciones. La fuente de las cifras me la reservo. La razón, considero que no es propio de un hombre correcto, hablar de quienes hacen las cosas incorrectas por él. Continuando con la ciudad, también es famosa por sus paisajes imponentes, indescriptibles y desgarradores, Bueno eso ultimo son palabras del poeta Romanov, yo la veo como otro mercado vulgar, solo que dentro de un negro volcán. Lo único destacable que encontré en el país de los Kalanos y en especial en su capital, es el hecho de que esta ubicada a mayor altura entre todas las ciudades de la tierra y también, para mi desgracia, la del peor invierno. Las nevadas allí suelen ser mortales, frías como el corazón de su rey. La nieve cae en una lluvia infinita, noche y día el cielo llora sobre la ciudad, dejando caer su lamento helado en forma de copos. Si hablamos de paisajes, tal vez la única belleza real del terreno este en los jardines del volcán. Que según el guía, son huertos de tierra negra donde nacen plantas con hojas coloridas, un curioso espectáculo temporal, pues bien sabe el invierno arrasar con todo aquello que no es blanco o negro en este lugar.
Existen infinidad de mitos y leyendas entorno a la ciudad misteriosa en el volcán. Por ejemplo se dice que bloch el pirata de los mares al interior de krasia, dejo sus barcos, solo para hacerse con el tesoro del Rey Feivnor IV, de Kalahram. Se dice que subió sus marinos en busca de una gloria que escapaba a todas las del mar y que justo cuando estaban a la mitad de camino, subiendo aquellas escaleras infinitas, que se conectan como vertebras de un milenario esqueleto y constituyen el único acceso a la ciudad, las mismas que rodean el cuerpo del volcán como una enredadera en un abrazo mortal, se desmoronó. Los piratas cayeron como tragados por la tierra, precipitándose al despeñadero de Anatev, el mismo donde la gente de Kalahram se deshace de sus ancianos. El capitán bloch y toda su tripulación no vieron nunca más el viejo mar, fueron sepultados en un alud interminable de roca y polvo gris. Por más increíble que parezca los habitantes atribuyeron los hechos a su divinidad y no a la falta de reparación que exigía aquella vía, lo único que hallaron luego del derrumbe fue la cabeza del pirata deformada y llena de cuencas.
También se cuenta como una araña cornuda de las que habitaban el abismo de Parnasus, en el mar de lava del este, tardo 2 días en llegar a la sima de la montaña, justo al llegar a las puertas de la ciudad murió de agotamiento. Eso claramente, según ellos y sus leyendas. Las Nectanidas o arañas gigantes, a las que los antiguos llamaban las corredoras del infierno, no son tan rápidas como para llegar a la ciudad en dos días, pues probablemente hubiesen demorado el doble del tiempo mientras movilizaba cada una de sus doce patas y de haber llegado probablemente ni esta ciudad, ni esta historia existirían, ya bastante conocida es la naturaleza titánica de las arañas, no se conoció jamás ciudad que les resistiese.

Las gentes allí, se jactan de ser los únicos ciudadanos del mundo que no pueden ver su ciudad al mediodía y para mi maravillosa fortuna es verdad, tal vez la única verdad en aquel lugar. De camino a Kalahram lo pude comprobar cuando al llegar a las puertas de roca que conducen a la ciudad desde el terreno bajo y árido en que consiste la superficie de nivel normal y sin elevaciones, levante la vista para dibujar la ciudad e incluir su retrato en el atlas que estoy preparando, también buscaba tener una idea de cuánto camino me faltaba para llegar pero nunca me espere algo tan impresionante como lo que vi. Cuando el sol quema en el cielo al medio día, parece concentrarse en la ciudad, creando un reflejo tan poderoso y lesivo a los ojos que es imposible verle, el recalcitrante astro se posa sobre la montaña en una alineación casi perfecta de precisión matemática, la luz golpea contra techos pintados de blanco, rebota una y otra vez, como entre espejos, hasta dispararse fuera de la capital del volcán y embestir los ojos a quien osa mirar directamente la ciudad, desde abajo de la montaña.

Al comprobar la veracidad de aquellos hechos, me abstuve de más intentos de bosquejar siquiera la silueta de la ciudad y me decidí por esperar hasta la caída del astro en las tinieblas nocturnas. Un aldeano del que nunca supe su nombre y al que llamare Tzao Minhe para poder identificarle de alguna forma, me revelo el objetivo que tenía construir a tan basta altura, yo confíe en su saber impreciso a sabiendas de que mi única información seria meramente una transmisión de conocimiento empírico, pero aun así más completa que mis propios saberes sobre la historia de la región. Tzao dijo – los arquitectos de la ciudad fueron los Anunak, tribu que se asentó en el cráter hace milenios, desde la llegada de los Kalanos ninguno de ellos ha construido nunca nada jamás aquí-. Conversamos por un largo tiempo a la orilla de la muralla interior, observando desde la altura del cráter, el monzón caer en regiones tan lejanas, lugares de la tierra que aún no he visitado. Al final de la conversación y en base a la historia contada, asumí la historia como una leyenda propiamente, que en síntesis es algo como esto: Desde el desarrollo de la civilización de los kalanos, en la sima de la montaña, siempre existió un gran obstáculo al desarrollo, se dice que con cada construcción que emprendían sus ingeríos encontraron una inevitable derrota, sus estructuras se derrumbaban, los únicos edificios que permanecían en pie fueron los construidos por los Anunak hace milenios, entonces los ingenieros al verse rodeados de una penosa incapacidad para construir decidieron utilizar las técnicas de la antigua tribu para edificar. Menudo problema entonces se presento, los Kalanos no tenían ni la idea más remota de la historia de su propia tierra. Entonces el desconocimiento de los propios Kalanos por sus antepasados les jugo en contra. Sabiendo que conocían muy poco sobre sus costumbres y tradiciones. Que los escasos conocimientos que tenían eran nada menos que una mezcla bochornosa de habladurías ilógicas, que el estudio de la cultura propia nunca fue importante, para los ciudadanos. se decidieron a intentar construir en base a las reminiscencias de esas historias las nuevas estructuras.

Luego de una cantidad casi infinita de intentos, después de derrumbe tras derrumbe, los hombre que vivían en la montaña improvisaron. Lo trágico inicia luego de los primeros intentos, cuando la población crecía más de lo que los antiguos edificios podían sustenta. El rey que por ese entonces era Kanamut II, ordeno un ataque contra la ciudad de Nemusia, buscando capturar prisioneros y mezclar su sangre con el material de construcción, para calmar a los dioses. Todo esto debido a que las leyendas que aun persistían, tenían a los antiguos indígenas como terribles sanguinarios, hombres tan miserables como para edificar sus casas con partes de sus víctimas. Está de más decir lo inútil de la guerra, lo único que se consiguió fue que Nemusia dejara de ser una ciudad prospera a orillas del río Niuridpe para convertirse en un ruinoso asentamiento. Los edificios en Kalahram no permanecieron en pie por más cadáveres que se le escurrieron a las paredes. La ciudad estaba ya curtida de pestilentes fluidos y cobijaba ya la mala fama de traicionera y maldita. Bien sabido es entre los hombre de todas las épocas el efecto nefasto que produce la ignorancia de la propia historia, pero cuando una tragedia mayor no podía azotar al pueblo de Glisse, Rimnas I el hijo de Kanamut II, tras la muerte de su padre ordeno que fueran sacrificados los jóvenes más vigorosos de Kalahram, para satisfacer entonces a el corazón del abismo, la deidad de la montaña. Se imaginara usted en pánico de la gente en semejante lugar, las calles desiertas, el negro del luto por doquier, toda una generación se perdió, un pueblo causando su propio holocausto en su ignorancia. Fue el abuelo de Espetrer, quien descifró unos antiguos manuscritos de la biblioteca real que contenían el secreto de la perfecta preparación de la mezcla resistente para la construcción, desde entonces y probablemente hasta siempre, el país ha estado en constante desarrollo.

Lo anterior forma parte de la historia negra del reino, fue prohibido hablar más del tema, los papiros que se ocuparon del asunto fueron quemados y es por eso que solo me queda confiar en Tzao quien dice haber perdido a un hijo en aquella época, hecho que aunque imposible por cantidad de tiempo transcurrido desde la fundación de la ciudad hasta nuestros días, no me impide tratar bien a un viejo senil que me proporciona la única información sobre el país que ahora visito. Quien sabe tal vez el viejo era Iorgk buscando a quien engañar, o Shub-Niggurath, intentando aprisionarme.

Curiosidad.
Nunca la ciudad fue atacada en el día, la razón es que en general nadie conoce bien la arquitectura de la capital del reino, me refiero a su estructura defensiva. El día y su luz, la cubren la mayor parte del tiempo, reflejando en ella su brillo estridente. La noche de luna llena cumple el mismo trabajo de igual o mejor manera, como si en la sima de la montaña hubiese algún cristal inmenso disparando luz, señales de auxiliar y desesperanza.
Los altos del Kalahram sostuvieron tres guerras, la primera con la antigua ciudad de Jimiquea que luego fue destruida por un derrumbe, la segunda con la ciudad de Nemusia, a la cual arruinaron totalmente y la tercera y hasta ahora ultima, contra los pueblos del mar de Krasia, que probablemente provengan de Artox y Uibea, las dos islas menores del archipiélago hueso, de donde era originario el pirata Bloch.

Altos de Kalahram

3 comments on “Altos de Kalahram, Cuento de fantasia por D.F. Ospina

  1. Vaya, tremenda historia la del lugar… Hace poco me chismosearon que el decorado en el suelo una parte muy concurrida de mi ciudad estaba hecha de huesos humanos, creo que de los dientes o algo así… Tremendo!

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