Corazón de Coral

La mañana en que Matumbawe Moyo arribo de Tanzania, el tiempo se convirtió en una  brisa arenosa y nostálgica donde solo se escuchaban los gritos de la mar salada, los esclavos invocaban dioses tribales, inmortales de la sabana y a los ancestros pedían que el espíritu de Corazón de coral guiaran.

Fue atrapado en las estepas doradas que el recalcitrante sol del áfrica ilumina y enviado a lejanas costas más allá de las monótonas planicies, amordazado como animal y torturado como prisionero, lo confinaron a un barco negrero conocido como La Orquídea Azul la embarcación  tenía un esqueleto de madera negra y su casco estaba cubierto por corales amorfos y prominentes de mil formas y de mil colores, en la proa una sirena de borrosa y taciturna mirada, símbolo de su carga, una humanidad inferior de raza negra y deshonrada. Matumbawe fue encadenado a grilletes oxidados y asesinos portadores de angustias no imaginadas, que se aferraban a su cuerpo como mandíbulas demoniacas, esos grilletes de hierro negro y malformado parecían tener raíces en la madera del barco, parecían dejar cicatrices en el corazón de un pasajero. La nave zarpo con su carga angustiante y pesada del puerto de los desesperados, dejo atrás un corazón, un alma y solo se llevó un cuerpo amarrado, las olas murmuraban consuelos y rompían temperamentales contra el barco emitiendo gritos ahogados que el hombre adentro y los demás maniatados oyeron, pero que a oídos del capitán jamás llegaron, víctimas de un holocausto mayor que cualquiera que le precediera, testigos silenciosos de la condena a que el viejo mundo los sometió por ser de tez oscura como la profundidad de la cueva en donde alguna vez todos los antepasados del hombre se escondieron de sus miedos.

La luz no entraba en el casco y los ojos del prisionero en su órbita buscaban aunque fuese un reflejo extraviado de luminosidad o color, la sinfonía del silencio aunque muda lo predispuso a la sordera y aprendió a entender los secretos en las olas, no podía respirar porque los cadáveres apilados en forma de obelisco en el casco del barco,  pestilencias obscenas emanaban y la esperanza, lo único que nunca le faltaba, se le acabo o en el puerto quedo anclada, dejándolo solo con la desidia de existir para morir en otra tierra, ajena a los olores, ajena a la paz y a sus cavernas pintadas. No podía gritar tenía la boca tapada y solo con su bozal de cuero de impala el conversaba, sobre las tortuosas noches y la mala comida, sobre sus tristezas y sobre el futuro que el añoraba.

Van  2 meses ya desde que zarparon ya no se distinguen los días de las noches pero las horas ya se convierten en años, el joven fornido es solo un recuerdo, de Matumbawe Moyo solo queda cuero estirado, Soportar las frías noches de un barco negrero en altamar no es cuestión que se toma a la ligera, el viento del océano apuñala el cuerpo con gélidos zarpazos que fulminan toda esperanza, los olores de cadáveres morados aun apilados en el casco, insultan al olfato y se sienten como con un deseo volver a vivir, ya sea por pereza o por racismo nadie se interesaba en arrojar aquellos cuerpos a la mar tempestuosa, grilletes oxidados arraigados a la pútrida madera como enraizados en un abrazo mortal luchan por mantener atado un ser impulsado por su miedo, una criatura que añora la libertad.
La mañana del 4 de octubre se vio un haz de luz romper la penumbra de la bodega, la puertas se abrió y casi podía escucharse como el aire mafioso se escapaba colmado con las almas de los fallecidos, como buen cristiano el alemán se supo encomendar a su dios pagano antes de sacar a latigazos a los esclavos  y cuando le llegó el turno a Matumbawe Moyo el almirante Mr.  Todd abrió la cerradura y se percató que estaban demasiado flojas y que si hubiera querido se habría podido desatar, pero solo el africano sabe por qué no lo hiso acercándose a la puerta, paso tras paso el suspiro, hubiera muerto en el barco y justo en la puerta se detuvo y sucedió!… los rayos del sol se estrellaron en el cual caminases y los colores retornaron de su letargo para dar vida a las cosas y como un león elevo su vista al cielo del caribe con sus pupilas destrozadas y se lanzó a correr, las nubes empezaron a llorar y las olas a echar carcajadas, el alma atormentada a toda velocidad atravesó el barco y cuando llego al final de la proa de La Orquídea Azul se lanzó a buscar la mar animada pero allí no había agua salada, solo un coral seco enmarañado que se interpuso entre él y su libertad amada que mientras caía se escapaba y el africano desquiciado comprendió por que de niño lo llamaban Matumbawe Moyo corazón de coral

La mañana en que Matumbawe Moyo arribo de Tanzania, el tiempo se convirtió en una  brisa arenosa y nostálgica donde solo se escuchaban los gritos de la mar salada, los esclavos invocaban dioses tribales, inmortales de la sabana y a los ancestros pedían que el espíritu de Corazón de coral guiaran.

Esta ultima imagen es la portada del relato en wattpad

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